
ALAS DE LUNA Y BRONCE
El bronce de tu piel se desdobla,
me arrastra
muerdo tu boca de otoño
las formas están cortando el aire.
Tomas mis lunas, suavizas
la ventana dibuja las horas.
Húmedo el instinto, acaricia
tus ágiles manos violentan mi sangre.
Se gritan los cuerpos, conceden
brotan alas
y ese olor a misterio.
La ventana ya no se atreve.
***
PLENITUD
A Sergio
Somos caminantes que se cruzan
por veredas deshojadas en el tiempo,
buscando dejar huella
entre azul de primavera
y otoño enrojecido.
Soy cometa atrapada en el ramaje de un árbol
golondrina que anidó
para siempre entre tus manos.
Eres suavidad que reposa
vértigo y seducción
de silencio y montaña.
Aliento que besa tormentas
trueno que gime en la tierra
mientras las gotas
hacen música en las piedras.
Somos lo que somos
arcilla en ocre y luna
que se moldea en color profundo.
Somos brisa, inquietud, raíz y calma
amaneceres distintos, con sabor a libertad,
que la lluvia no siempre es borrasca
ni los días marcan la misma estación.
Somos hoy, y seremos
-no los de entonces-
los de cada mañana,
huellas de sendero que se marcan
una junto a la otra
tus brazos
mi cuerpo
una misma oración..
***
COTIDIANA I
Las paredes huelen a silencio,
de los huecos salen duendes,
todas las ventanas pintan un mundo distinto,
¿ y la puerta?
Los duendes susurran,
estoy subiendo, bajando, cansándome,
entrando, saliendo, suspirándome,
sonriendo, llorando, preguntándome.
El reloj emite campanadas mudas,
suena, acumula su capa gris,
su polvo que por más que intento
no logro quitar.
Ropa, sueños, basura, versos,
un carro y la hermosa gata negra siempre están conmigo.
Tanto por hacer, por atender, por vivir.
Cereal, noticias, el día iniciado:
un beso, la reja, camas, platos y minutos
acumulan sueños
ollas con sabor de antaño.
Camina la tarde, transcurre, se marcha,
el polvo persiste.
Noticias, los Simpson, merienda, descanso,
ensalada de letras.
Los duendes me acosan, me tocan, se burlan,
bailan y se alejan,
yo
aquí,
planchando un poema.
***
NO SÉ NI PARA QUÉ , NI PARA CUÁNDO
DEJARÉ DE PERDERME ENTRE TU ARENA
Alas de gaviota acarician
el caracol por donde invaden
mis palabras,
como agitada brisa tu respiración
enardece el calor de este verano.
Nos salpica el mar
me recuesto en blanda arena
escribiendo mi nombre
con las uñas en tu pecho,
la humedad de mi boca
resbala por tu piel,
la marea atrapa mis piernas.
Olas nos sumergen
en un abismo sin acantilado
donde juegan la membranosa estrella,
el hipocampo,
donde me guía el negro coral de tu mirada.
Orgasmos de mares me fecundan
mientras la playa de tu cuerpo
me sostiene.