CON LA ROPA PUESTA
Agótame el deseo sin escrutinio
gástame las ganas sin cansancio
rompe estas dudas sin cuestionar.
Hasta la última fatiga
entrégate
no me desvistas
penetra sin permiso el denso hastío
de habitar este cuerpo empedrado.
Agótame el deseo sin escrutinio
gástame las ganas sin cansancio
rompe estas dudas sin cuestionar.
Hasta la última fatiga
entrégate
no me desvistas
penetra sin permiso el denso hastío
de habitar este cuerpo empedrado.
INCIENSO
(No estás)
Enciendo un incienso
no estás
la sábana me encuentra
no estás
recurro a la memoria
no estás
mis dedos son músicos
no estás
mi rosada carne
no estás
es el teclado.
no estás
No hay nirvana
no estás
sólo el onanismo
no estás
de este privado espacio.
no estás
Sólo existes tú
no estás
tu imagen aquí
no estás
el deseo de ver
no estás
tu rostro contraído
no estás
(No estás)
Enciendo un incienso
no estás
la sábana me encuentra
no estás
recurro a la memoria
no estás
mis dedos son músicos
no estás
mi rosada carne
no estás
es el teclado.
no estás
No hay nirvana
no estás
sólo el onanismo
no estás
de este privado espacio.
no estás
Sólo existes tú
no estás
tu imagen aquí
no estás
el deseo de ver
no estás
tu rostro contraído
no estás
respirar tu sudor
no estás
tocarte el pelo
no estás
pegado a la frente.
no estás
Eres combustión
no estás
oigo tus jadeos
no estás
muerdo tus gemidos.
no estás
Y mis ganas constantes
no estás
de tu cuerpo completo cuando no estás
que me mojan
que me ahogan
que me incendian.
no estás
tocarte el pelo
no estás
pegado a la frente.
no estás
Eres combustión
no estás
oigo tus jadeos
no estás
muerdo tus gemidos.
no estás
Y mis ganas constantes
no estás
de tu cuerpo completo cuando no estás
que me mojan
que me ahogan
que me incendian.
ALCOBA
Sobre el edredón
mi piel templada en agua limpia
te espera.
Los tacones ansiosos
se pasean en la alfombra de la sala
apurándote.
Guardo los recuerdos
por orden de antigüedad
para enredarlos de uno en uno
en los vellos de tu espalda
para contarlos con labios mansos.
Las siete.
Mis cabellos se reparten en tus muslos
dándote la bienvenida.
Sobre el edredón
mi piel templada en agua limpia
te espera.
Los tacones ansiosos
se pasean en la alfombra de la sala
apurándote.
Guardo los recuerdos
por orden de antigüedad
para enredarlos de uno en uno
en los vellos de tu espalda
para contarlos con labios mansos.
Las siete.
Mis cabellos se reparten en tus muslos
dándote la bienvenida.
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