lunes, 12 de octubre de 2009

María Elena Rodríguez


Tus dedos

cristal almidonado

las manos

nos cuentan como somos

dibujando en el cuerpo del otro

la caricia siguiente.

***

Respiro

a mil horas luz del silencio

hay noches para hundir

tu nombre entre mis piernas

el verso junto al oído

tu cuerpo y el mío

tomando su lugar.


***

Al tiempo que el verso

te nombra en silencio

tu cuerpo se forma entre

líneas de prosa

la eternidad se detiene

justo en el recuerdo

muerdo la piel

donde tu vientre es mi balsa

y me llevas más adentro.
***

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